La Virgen y el Diablo

La Virgen y el Diablo

El arte de bordar y tejer en nuestra Región siempre ha sido una virtud de la mujer.
Muchas mujeres mayores para enseñarles a sus hijas, nietas o sobrinas esta
práctica, les contaban cuentos o casos, relacionados con mujeres perfectas,
especialmente, historias de la Virgen María.
Una vez estaba la Virgen bajo un hermoso Quillay cosiendo una prenda de su
hijito, para después bordarla. La aguja que utilizaba la enhebraba con un hilo
corto, daba unas cuantas puntadas y la volvía a enhebrar. En esto la vio el Diablo
y se acercó a ella y le dijo:

  • Mamita Virgen es mejor que usté le coloque a la aguja una hebra larga, así le
    rinde más el cosio.
    La Virgen le respondió que no, porque así era mejor…
    -No, no, no, usté es tonta, no sabe hacer el trabajo, yo le voy a enseñar, ¡hagamos
    una apuesta! A ver quién termina primero el trabajo.
  • Acepto, dijo La Virgen, y ella sonriendo le pasó un paño, una aguja y una bobina
    de hilo.
    El Diablo envalentonado, tomó la aguja y le colocó una hebra de hilo de más de
    un metro de largo. Y empezaron a coser. La Virgen tomó su aguja, le colocó una
    hebra cortita y empezó a dar una puntada sobre otra. El Diablo dio una puntada y
    empezó a estirar el brazo lo más que pudo hasta afirmar el hilo en el paño, pero al
    dar la segunda puntada el hilo se le anudó, trató con la aguja desarmar el nudo y
    cuando ya estaba listo para seguir bordando, se le vuelve a anudar la hebra en
    dos partes. Entonces el Diablo se empezó a asariar y a transpirar y miraba de
    reojo a la Virgen que sonriendo seguía bordando y enhebrando la aguja cuando el
    hilo se le terminaba.
    Pasado un rato, el Diablo logró deshacer los nulos, dio otra puntada más y cuando
    estiró nuevamente el brazo con la aguja pinchó a uno de los diablos chicos que lo
    estaba mirando y este se enojó y le dio un “pillizcón” retorcido en el poto. El Diablo
    que se soba, y se entierra la aguja en el pantalón.
    -Hasta aquí no más llegó la apuesta, dijo.
    Tiró el bordado lejos, pero como la aguja estaba ensartada en el pantalón cuando
    se paró del asiento salió con el bordado a la arrastra, y con el enredo del hilo se
    cayó, lo que provocó la risa de los diablos chicos y la burla de los santos que
    estaban cerca del lugar.
    Por eso cuando se quiere hacer una labor, no hay que enhebrar la aguja con una
    hebra de hilo muy largo… no por mucho madrugar, se amanece más temprano…

Un comentario en “La Virgen y el Diablo

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